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    Danza en pandemia: Paula Manaker
    Primer entrevista a facilitadoxs y estudiantxs de la danza para que nos cuenten la búsqueda que han hecho en este contexto.

    Conocé su propuesta:

    Entrevista de Revista Inquieta por M.Laura Neffen

         Año sinigual el 2020, signado por una pandemia que nos mantuvo a muchos encerrados entre pocas paredes y donde aquellos que necesitan el movimiento casi como forma de vida se encontraron con la enorme dificultad de que no estaba autorizada casi ninguna actividad. Así fue el principio de la pandemia del Covid-19, con personas caminando a buen ritmo por los balcones, con otras corriendo dentro de sus casas, algunos dando la vuelta a la manzana para sólo caminar un poco, y otros, muchos, entrenando online en pequeños espacios de sus propios hogares. En este marco, las y los profesores o facilitadores de la danza y movimientos afines tuvieron que buscar la forma de conectarse con sus alumnos, darles una respuesta y un acompañamiento en ese momento que fue tan excepcional. Y ahora llegó el 2021, con alguna esperanza mayor de poder encontrarnos, pero que aún no está develado cómo lo transitaremos.

    Inquieta comienza con esta nota una serie de entrevistas a facilitadores y estudiantes de la danza para que nos cuenten la búsqueda que han hecho el año pasado y lo que proyectan para este 2021. En esta primera edición, entrevistamos a bailarina y docente rosarina Paula Manaker.

    Inquieta: En relación a lo laboral, ¿cómo te encontró el anuncio de la cuarentena en marzo del 2020?

    Paula: En marzo ya había empezado las clases en el estudio El Bosque, pero di sólo dos semanas de clases, y ni siquiera llegué a completarlas porque lo tuvimos que suspender. Empezaba el año muy augurioso, con mucha gente, con bastante entusiasmo y fue un cimbronazo el anuncio de la cuarentena. En ese momento, empecé inmediatamente a dar clases virtuales por YouTube, en vivo. Y fuimos encontrándole la vuelta, primero fue lo técnico, ir ajustando las necesidades que conllevaba esa propuesta y poco a poco dándonos cuenta, a partir de las devoluciones de mis propios alumnos, como ir ajustando ese dispositivo. Es decir, cuáles eran las cosas posibles de hacer en casa, cuanto era el tiempo posible de concentración, en términos generales, porque por supuesto que había diferencias y particularidades, pero fuimos entendiendo que el tiempo de concentración es menor que cuando estas en un espacio específico para el trabajo y conmigo presente.

    Con esta metodología, no podía dejar de relatar y me encontré con una nueva situación que para mí fue interesante para pensar algunas cosas: tenía que conducir la clase haciéndola. Como no tenía los alumnos para verlos y trabajar sobre lo que iba sucediendo con los ejercicios en los cuerpos de los participantes, me tuve que poner yo dando la clase y al mismo tiempo poniendo mi cuerpo en ese laboratorio. Eso también hizo que la clase cambie, yo iba construyendo una clase que iba imaginando en mis alumnos.

    ¿Cómo fueron respondiendo las y los alumnos?

    Tuvo su momento de florecimiento ese trabajo. En ese momento y frente al impacto de no poder asistir a ningún lado y recién empezada la cuarentena fue bastante bien aceptada de parte de todos, mi propuesta era enriquecedora. Al mismo tiempo una particularidad y que fue novedoso es que empezaron a tomar mis clases alumnos que ya no vivían en el país, o no estaban en la ciudad. Todo ese tiempo, que sería el primer mes y medio, dos meses, trajo sus subidones de efervescencia, bastante benefactor. Después, y a partir de estar más agotados de estar adentro, empezar a crispar, las personas dentro de las casas, recluidas, empezó a agotarse, incluso yo en particular. Al principio estaba muy compenetrada y poniendo mi cuerpo, así como en un grado de observación muy meticuloso y tratando de que a partir de mi propio trabajo ir transmitiendo la información. Pero nos fuimos cansando y se fue agotando ese espacio de concentración y de intimidad dentro de las casas. Si bien los alumnos seguían respondiendo y yo no pare ni un día de trabajar y de intentarlo, mi sensación fue que a los dos meses aproximadamente ese mecanismo se agotó.

    ¿Porqué crees que se agotó en ese momento las clases online?

    En particular me fue pasando una cosa que es bastante personal, pero la posibilidad de ir tomando las clases en vivo le iba dando al espacio y a la clase toda una sensación aparente de compartir, estando en el mismo tiempo. Algunas dificultades técnicas de internet, pero también de la concentración y dificultades técnicas de mis alumnos hacía también que por momentos se interrumpía ese flujo de conexión y eso también obstruía el trabajo. En un momento me encontré con que no sabía ni quienes eran, ni en qué momento estaban tomando la clase. Porque podían hacerlo en vivo o diferida y eso también me empezó a alejar un poco de mis alumnos.

    Si bien sentía que era bueno mantener el trabajo y que para muchos había sido importante porque el principio de la pandemia fue durísimo, nos encontramos en el momento más shockeante y el que más respetamos el aislamiento. Pero poco a poco fuimos perdiendo el miedo, acostumbrándonos e irrespetando ese aislamiento. Entonces la sensación de no tener conexión verdadera con mis alumnos o, por lo menos, desconocerla realmente me fue restando ganas de mantener ese sistema.

    ¿Y en el 2020, con este contexto, perdiste posibilidades laborales?

    Se perdieron muchas cosas, posibilidades laborales si, todas, sobre todo yo tenía mil proyectos artísticos que varios que quedaron truncados o postergados y no se sabe hasta cuándo. Y con respecto a las clases la posibilidad de intervenir, de conectarnos, de conocernos, todo eso queda suspendido en una especie de clases de acompañamiento en un trabajo más introspectivo, más personal. Pero yo seguí trabajando. No sé si con la misma cantidad de gente que con la que había empezado en marzo, pero sí con bastante caudal de alumnos que necesitaban el trabajo. Incluso alumnos que tomaban una o dos clases semanales empezaron a tomar todos los días las clases.

    ¿Qué ocurrió después de que las clases online ya no fueran lo que esperabas?

    Después estuvimos en fase 5 de la cuarentena y se fue abriendo todo de a poco, yo retomé mis clases presenciales con cinco o seis alumnos. Eso hizo que pudiesen tomar sólo una clase por semana presencial, propuse grabar las clases y así la gente pudiese tomar una clase presencial y el resto en vivo en su propia casa. Pero eso fue sólo un mes, porque volvieron los casos de contagios y lo tuve que restringir. Y ahí me di cuenta que no quería volver a lo que habíamos hecho hasta ese momento, inmediatamente propuse salir al aire libre, había una restricción al principio para reunirnos, por lo cual propuse hacer lo mismo que hacíamos en el estudio, pero cada uno al aire libre. Y eso se fue ajustando, finalmente el proyecto fue el de conectarnos a una reunión por internet. Yo ya había acostumbrado a mis alumnos a enviarles una lista de música por Spotify que ellos iban manipulando en reproductores según la intensidad que ellos iban requiriendo en cada momento, incluimos los auriculares y las salidas al aire libre.

    Y finalmente, esta propuesta se convirtió para mí particularmente novedosa y buenísima, le dimos una vuelta a la situación pandémica y un poco fóbica en la que estábamos viviendo para poder salir, para salir de casa, del sature de estar en la pantalla, y entonces con auriculares, conectarse a la reunión, los que pudieran asistir al mismo parque perfecto, los que no pudiesen asistir porque no tenían bici, o porque vivían lejos propuse ir al parque más cercano o tu propio jardín.

    Y así se empezó a construir este proyecto actual, en el cual algunas personas se acercan a compartir el espacio, el mismo parque. Nos conectamos a una reunión Meet donde voy guiando la clase, acompañando la investigación y exploración, del cuerpo, del movimiento, en la intemperie. Vamos trabajando mucho lo que va sucediendo a partir de esta experiencia, tan particular y única de la pandemia. Respecto de la situación a la que se encuentra el cuerpo, las personas, la necesidad del contacto con seres vivos, o simplemente con la naturaleza. Las clases han cambiado bastante, y siento que cada vez vamos logrando afinar los conceptos que son troncales en el trabajo que yo transmito, pero con la particularidad de tomar los parques, de conectarnos directamente con las formas de la naturaleza, con la disponibilidad urbana de estos parques.

    Así finaliza esta entrevista a Paula, quien se caracteriza por la búsqueda constante de nuevas modos y formas de abordar el movimiento, siempre creativa, siempre cercana para compartir su experiencia. En febrero de este 2021 Paula continuará con las clases para entrenar y bailar al aire libre, los lunes, martes y miércoles de 18:30 a 20:00 hs. Contactate con ella si querés hacer tu experiencia al aire libre, buscala en Instagram como El Bosque Espacio Físico.