Novedades

    Verde que te quiero verde.
    -INQUIETA en el 8M-

    Autora: Mag. Marcela Masetti.

    - Parte 2 del artículo - 

     

        Pensar la danza con perspectiva de género también implica rescatar, visibilizar, valorar y difundir creaciones de un colectivo subalterno, las mujeres en el arte, que realizan un importante aporte en el camino de la emancipación de nuestros cuerpos cuestionando estereotipos, idealizaciones, valores culturales dominantes y la naturalización de las violencias.

        Ciertas creaciones coreográficas despliegan como elemento central un cuestionamiento a las violencias de distinto tipo sufridos por mujeres y/o identidades feminizadas, y ponen de relieve lo político de la acción sobre las corporalidades y nos plantea una dinámica de emancipación de los cuerpos. Políticas de los cuerpos, no explícitamente enunciada, que escapa de la esfera de lo privado, y se escenifican en lo público.

        Algunos de los interrogantes que me había planteado en el abordaje de las creaciones fueron: ¿Cómo se expresan estas miradas críticas a través de sus producciones? ¿Qué cuerpos muestran en escena?

        Virginia Tutolomondo despliega esta temática de reivindicaciones femeninas en La hora nocturna del sol y Los sueños. Fotomontajes escénicos. En ellas, aparece un mundo femenino, con sus contradicciones y tensiones, entre los roles asignados y los deseos incumplidos, los mandatos sociales y las resistencias ante ellos.

        La hora nocturna del sol, montada con el Elenco de Practicas Escénicas del Instituto Superior Provincial de Danza, nos anticipa en el programa de mano:

    “Eran las tres de la mañana y el sol salía a mirar. Las mujeres, ante tal fenómeno, expulsaron las imposiciones, las costumbres y las creencias, en un acto de sutil y desequilibrante fuga, rompiendo los principios vitales, adentrándose en la bravura del oleaje. “Aquella no es la luz del día, lo sé yo”.”

        Mujeres que encuentran su sol en la madrugada, para despertar fuera de imposiciones, presiones, punto de fuga hacia otros espacios vitales, que aunque laboriosos, puedan abrir otros horizontes. Decidir sobre sus propias vidas, su sexualidad y su cuerpo, sin violencias. Desafíos de una forma disidente de posicionarse en relación a los lugares normalizados por costumbres y creencias. Sacudir los hábitos y tradiciones, desconfiar de creencias, proyecto emancipador “de los cuerpos que desactiva normas, presupuestos, mandatos, leyes, cercos biológicos, sociales psicológicos…que aspira a desplegar alternativas que permitan experimentar múltiples posibilidades de entender la relación entre cuerpo y goce.”(Giunta, 2018:15). En Los sueños. Fotomontajes escénicos retoma parte de la obra visual de Grete Stern, realizada para la revista femenina Idilio para desplegar ahora en movimiento, los múltiples sentidos contenidos en los fotomontajes, presentes aún como agenda incumplida de mujeres y/o disidencias. Mujeres atrapadas en hogares tecnificados, presas en convenciones sociales, silenciadas; en su mudez danzada hablan y dicen a través del movimiento.

       Otras obras, aunque no hacen un abordaje tan directo de la agenda feminista, también evidencian una postura crítica sobre las corporalidades y las modelos sociales propuestos. En El chancho de Palermo (Soledad Verdún) pone en juego una mirada crítica e irónica sobre los cuerpos domesticados, domados por la cultura. En algún sentido, la sociedad a través de la socialización nos doma, nos deforma, nos transforma en monstruos. A su vez, los cuerpos en la danza suponen una transformación adicional, para adecuarlos a determinados cánones de eficiencia y belleza, lo cual nos puede enfrentar a la monstruosidad de esos cuerpos transmutados. La naturaleza y la cultura, lo urbano y lo rural, se atraviesan en una cruzada civilizatoria que engendra deformidades normalizadas. Mirada irónica que nos hacer volver a descubrir que poco común es el sentido común, y como volver a pensar el sin sentido y la arbitrariedad.

        Particularmente interesante me resulta, la revelación de lo que los cuerpos en movimiento logran con esa actividad. Esa capacidad de los cuerpos de producir que algo cambie, que pongan a otros cuerpos en acción, que aunque sean diferentes puedan moverse juntos. En Estar sentados lo menos posible (Soledad Verdún), rescata la frase de Nietzche celebratoria de la potencialidad del movimiento dado que “la carne sedentaria es el auténtico pecado” y con humor, recrean escenas de la vida (sedentaria) contemporánea. 

        Alejandra Valdés, en Ensayo sobre la pérdida se pregunta “que puede un cuerpo cuando lo ha perdido todo” nos ubica frente a la fugacidad existencial y lo irreductible de la temporalidad, en su fuga incesante hacia adelante, inermidad del ser humano, que deberá encontrar algún sentido a su existencia. Descubrir el cuerpo/carne como potencia de lo que es capaz, con sus memorias (que ya fueron) e historias únicas e irrepetibles, inscriptas en el cuerpo, potencia que se actualiza en la creación.

        Danza que también es la pérdida en tanto fugacidad del instante irrepetible que desaparece, para dejar sólo la sombra de su recuerdo. Danza que en su mudez, habla y dice, narraciones cinéticas que revelan más de lo que se proponen, en un derroche energético, sin finalidad práctica y aparentemente inútil.

        Gestos, obras, producciones, archivos, memorias, introducen genealogías, imaginan y producen nuevos sentidos y se resignifican, a partir de la lucha en las políticas de género que genera avances y retrocesos, tensiones, en definitiva política, que es movimiento.

        De esta manera, las obras analizadas rescatan las posibilidades de agenciamiento y de crítica social que las creadoras ejercen a través de sus producciones coreográficas, introduciendo temáticas, perspectivas y sentidos que disputan o cuestionan discursos sociales dominantes dentro del campo simbólico y de lo político. Y en este sentido, “La danza no sólo representa una identidad hegemónica o transmite un orden disciplinario estructurante, sino que también representa una suerte de discursividad corporal del exceso que casi siempre dice más de lo que debe o quiere.” (Vallejos, 2019:12)

        Discursividad apoyada en el cuerpo, territorio y escenario donde se despliegan parte de estas batallas políticas, de resistencias, adhesión o apropiación.

     

    Bibliografía
    Giunta, A. (2018). Feminismo y arte latinoamericano. Historias de artistas que emanciparon el cuerpo. Buenos Aires: Siglo XXI.
    Vallejos, J (2015). El cuerpo archivo y la ilusión de la reconstrucción. El caso de la consagración de la primavera de Dominique Brun. En Escribir las danzas. Coreografías de las ciencias sociales María Julia Carozzi (Coord). Argentina: Ediciones Periodismo Comunicación.
    Sitios web
    Virginia Tutolomondo
    http://revistasublime.com.ar/la-memoria-de-los-cuerpos/
    https://viapais.com.ar/rosario/1234265-ciclo-de-literatura-y-politicas-de-genero-en-la-biblioteca-argentina/
    Soledad Verdún
    https://www.youtube.com/watch?v=bEjuTf6qews
    http://www.teatroenrosario.com/obras/estar-sentados-lo-menos-posible.html
    Alejandra Valdés
    https://www.youtube.com/watch?v=D5WvCbh0UGI