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    Mujeres de Negro: Un cuerpo colectivo por las que ya no están.

    - NI UNA MENOS -

     

    Por Eugenia Rodríguez.             

     

    Si algo caracteriza a los feminismos es su persistencia en poner el cuerpo, de las formas más diversas, creativas y contundentes posibles. Esta frase que describe, en alguna medida, la forma de habitar este mundo para mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries, se hace además cuerpo colectivo cuando convoca a miles en el espacio público al calor de una lucha en común. Sin dudas el 3 de junio es claro reflejo de ello.

    A seis años del primer Ni Una Menos, un hecho social bisagra para la historia de las luchas de los movimientos de mujeres y feminismos en Latinoamérica, y en el marco de un contexto de pandemia y crisis sanitaria que impone medidas de cuidados vinculadas a la permanencia en los hogares -para quienes tienen el privilegio de tener uno- reflexionar sobre cómo ponemos el cuerpo, qué implica ocupar las calles, con qué estrategias nos reinventamos, aparecen como claves para pensar las luchas presentes y futuras.

    El femicidio de la adolescente Chiara Páez en mayo de 2015 en Rufino rebalsó un vaso colmado de bronca y dolor por todas las mujeres, lesbianas, travestis y trans arrebatadas por la violencia machista. El hashtag #NiUnaMenos logró interpelar a la sociedad y se plasmó en cientos de cuerpos ocupando las plazas del país para decir basta. Con los años se potenció en masividad de convocatoria, vinieron también los paros feministas internacionales, se habló de paren de matarnos y también de vivas, libres, deseantes y desendeudadas nos queremos, y la discusión avanzó hacia los proyectos de vida. En la pandemia son esos cuerpos los que siguen parando las ollas en los barrios y acompañando los casos cotidianos de violencias.

    Y cuando de ocupar el espacio público hablamos, una referencia en la ciudad es la organización Mujeres de Negro, creada hace más de seis años a nivel local, con una historia internacional vinculada al conflicto israelita-palestino, este colectivo basa su estrategia principal en intervenciones públicas que reconstruyen las historias de victimas de femicidios, interpelan a la comunidad, exigen justicia y gritan: ni una muerte indiferente.


    De negro y en silencio.

    Mujeres de Negro es un colectivo internacional creado por mujeres palestinas e israelíes, su nacimiento se remonta a 1987 en Jerusalén cuando un grupo de mujeres deciden salir vestidas de negro y en silencio para protestar contra la ocupación israelí en los territorios palestinos. Desde ese día se manifiestan todos los jueves.

    El eje de la acción de este movimiento tiene que ver con denunciar la violencia que se ejerce desde los diferentes espacios de poder (gubernamentales, estatales, culturales, religiosos, familiares) contra los grupos poblacionales, personas, culturas, que están en situación de “no poder”. Al respecto, señalan desde el colectivo que “en todos y cada uno de estos espacios, las mujeres son las víctimas prioritarias y mayoritarias de todos los tipos de violencia: asesinatos, violaciones, mutilaciones, maltratos físicos y/o psicológicos, tráfico de sus cuerpos y sus órganos, pobreza extrema, negación de su ser y estar, de sus necesidades y deseos, de sus palabras y sus hechos”.

    Un aspecto central de Mujeres de Negro es el rechazo a los conflictos bélicos y las sociedades militarizadas, entendidos como “la expresión máxima de la estructura patriarcal y de sus medios de apoyo y reproducción; así como el análisis y búsqueda de alternativas, desde una ética feminista, para deconstruir un sistema basado en las relaciones de violencia y conseguir una convivencia pacífica y respetuosa entre diferentes”.

    Mujeres de Negro se manifiesta públicamente, generalmente en plazas, vestidas de negro en señal de duelo, y en silencio porque “faltan palabras para explicar los horrores que sufren las mujeres en el mundo”, denunciando además la ausencia de la voz de las mujeres en la historia.

    En Argentina el colectivo existe únicamente en Rosario. “Nuestras paradas son los primeros jueves de cada mes, primero lo hacíamos en la intersección de Oroño y Córdoba y después nos trasladamos a Moreno y Córdoba enfrente de la Facultad de Derecho y del Museo de la Memoria, un lugar emblemático”, cuenta Eva Concepción Domínguez, integrante del espacio.

    “A lo largo de todo este tiempo fue creciendo la tarea de visibilizar en la sociedad qué son los femicidios, tratamos de plantear que no son mujeres que aparecen de la nada muertas, sino que justamente las matan por el hecho de ser mujeres. Apostamos a poder deconstruir esa idea de amor romántico, de amor para toda la vida, y entender que cuando algo no funciona no tenemos que quedarnos al lado de esa persona, por más que sea un mandato social”, detalla sobre las líneas centrales de trabajo.

    A lo largo de estos seis años, el colectivo fue sumando capacitaciones y participación en las asambleas feministas y espacios de lucha por los derechos humanos. “En pandemia donde las cifras de violencia se vienen incrementando, donde los femicidios y los abusos intrafamiliares están al límite, tratamos de seguir estando -muchas veces apropiándonos de las redes sociales como medio de comunicación- para que esto de poner el cuerpo en los territorios que siempre decimos, no se pierda nunca. Sin dudas hay herramientas a las que no podemos acceder fácilmente para ayudar y ahora mucho más, y ahí las redes son importantes”, reflexiona Eva y comenta que reciben permanentemente en sus redes sociales consultas y pedidos de ayuda por violencias machistas.

    El carácter internacional de Mujeres de Negro, las llevó a participar hace unos años de un congreso en Uruguay, del que también fueron parte mujeres israelitas, sirias, y de varios países de Asia y África. “Esta apertura es muy enriquecedora para la lucha, seguimos intercambiando para pensar lo que pasa en el mundo con las mujeres, con lxs niñxs, analizar lo micro de las luchas de cada territorio, reflexionamos cómo podemos manifestarnos, cómo empalmar con otras organizaciones de base, sindicales, políticas, cómo incorporar las necesidades actuales, ante el patriarcado que nos pone límites constantes, estar atentas es fundamental”.


    Intervenir para concientizar.

    Mujeres de Negro se caracteriza por sus intervenciones sostenidas en el espacio público donde los nombres de quienes murieron a causa de la violencia de género, se mezclan con carteles, máscaras, vestimentas y diferentes recursos que buscan concientizar a la vez que exigir justicia.

    “Relevamos los medios de comunicación y en base a esos datos vamos armando las intervenciones. Esa mujer que murió tenía un nombre y apellido, hijos, una identidad, sueños, tenía una historia de violencia de género de la que no pudo salir, recursos del Estado que nunca le llegaron”, explica Domínguez.

    “Los cuerpos acallados por la violencia machista vuelven a estar presentes en el espacio público. Una de las últimas intervenciones que hicimos fue a partir de máscaras en blanco con fondos de tela negros y se buscaba interpelar el accionar judicial ante la violencia, qué pasa con los juicios -que generalmente nunca llegan- qué pasa después”, agrega la entrevistada. Y asegura que releen cada historia para reflexionar qué pasó en cada una.

    “Queremos ver cómo se llega, si se hizo juicio o no, qué pasa con sus hijes, su familia. Seguir las historias es clave, vamos buscando información, nos capacitamos en diferentes temas, planificamos cómo montar un eje según nuestro colectivo y el contexto. Siempre estamos en movimiento, aún ahora que todo es virtual, seguimos para acompañar, visibilizar, concientizar”.

    El 25 de noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la Violencia de Género, Mujeres de Negro hace su “gran actividad frente a los Tribunales provinciales”. Al respecto Eva dice que “se trata de pensar en esas historias y esas vidas, usamos flores lilas y rojas, zapatos o sandalias, pensando cómo pudo haber sido el contexto que la llevó a la muerte y que no fue un accidente, fue parte del accionar femicida. Hemos hecho intervenciones con sillas negras, color que nos identifica por el luto que llevamos por las que ya nos están, vemos cómo se llega a ese día que es la noticia de su muerte y también pensar que podrían estar vivas si se lograra salir a tiempo”.

    Entre las estrategias de las intervenciones “solemos usar frases, como ‘no murió por amor’, que la saqué por mi historia”, cuenta Eva quien desde el 2010 exige justicia por su cuñada Vanesa Celma, e integra también el colectivo de Familiares Atravesados por el Femicidio. “Esa frase me la dijo la fiscal del caso, que ‘Vanesa murió por amor’, o sea que morir por amor es morir con el 35 por ciento del cuerpo quemado. Es claro que nunca se investigó con perspectiva de género”. Vanesa tenía 27 años y un embarazo de ocho meses cuando su pareja, Omar Díaz, la quemó. Desde entonces Eva sostiene “en mi familia hay una menos” y transforma el dolor en militancia.

    Eva recuerda que “una vez habíamos puesto el nombre de una mujer víctima de femicidio en una intervención con claveles, y se nos acercó una chica y nos dijo que era su hermana. Esta persona había ido a Tribunales por la causa, y nos vio. Nos dijo que se sintió acompañada, sintió que honramos la vida de su hermana sin conocernos”.

    Sobre los principales reclamos al Estado, Domínguez destaca. “Exigimos que el poder judicial investigue con perspectiva de género, no solo que hagan una ocasional capacitación, sino que tengan escucha activa, del entorno, todos estos pasos antes del juicio son claves para que se pueda armar el contexto de la violencia de género. Además, los juicios se vuelven procesos largos, las familias no terminan más, pasan los años, y muchas veces no se llega a nada”. También suma: “Nos parece importante trabajar en la erradicación de la violencia en todas sus dimensiones: social, sanitaria, jurídica, psicológica, educativa, doméstica, patrimonial, simbólica, y apostamos a construir redes que nos permitan estar siempre”.

    La pandemia y las medidas sanitarias generan que las intervenciones se vayan evaluando mes a mes y se combinen con acciones virtuales cuando se vuelve más difícil salir. “Tenemos las redes sociales activas, nos escriben continuamente, articulamos con el Teléfono Verde de la Municipalidad y con lugares de provincia, para asesorar sobre cómo acercarse a los lugares del Estado. Seguimos pensando nuevas herramientas, estamos muy activas, aunque a veces sea desde nuestras casas, siempre hay que luchar y ser responsables de cómo lo hacemos”, cerró.

     

    Ph: Florencia Carrera y Mujeres de Negro.