La obra parte de una mirada hacia el pensamiento de Zigmunt Bauman, creador del concepto “modernidad líquida”. El movimiento se pone en tensión con una atmósfera líquida, extraterritorial, transitada por seres que lo habitan como autómatas. La puesta en escena propone la evocación del espacio público urbano. El accionar de los verbos líquidos narra la fragilidad de los cuerpos y de las relaciones humanas.
